La Lógica del Gritón

En política, hay quienes afirman que “no basta con tener la razón, hace falta además tener la fuerza”. Para unos, eso de “tener la fuerza” significa construir mayorías, convencer a través de la razón antes de un proceso en el que se deban medir esas fuerzas. Sin embargo para nuestro Gritón, “tener la  fuerza” se traduce en poder elevar el tono de voz más que el adversario.

Como no es, y no ha sido hasta ahora mi costumbre entenderme con mis pares a fuerza de grito, usaré este medio escrito a ver, si quizá leyendo, nuestro personaje puede llevar un debate de manera más acorde con el espacio académico y así forzar menos su voz.

Lo primero que debo señalarle compañero, y con toda la intensión de hacer de usted una mejor persona, es su prepotencia. Decía usted, que habiendo sido elegido, recordemos que un una alta abstención, era la única persona con legitimidad para realizar solicitudes o promover causas que beneficien a nuestra comunidad. Eso, dice mucho de su concepción de la democracia, que como vemos es netamente representativa. Vemos en su discurso elementos suficientes para creer que usted maneja la tesis de la trasferencia absoluta de la soberanía a través del voto, convirtiéndolo a usted en algo asó como un soberano estudiantil, su creencia, si bien no implica delito alguno, creo que no necesariamente debemos compartir, sobre todo quienes como miembros  de esta comunidad, nos sentimos corresponsables de atender los problemas que nos afectan a todos, corresponsabilidad que se enmarca en los principios de una democracia participativa.

En todo caso, si tanto le ocupan los problemas estudiantiles, le recuerdo que un su gestión hemos perdido un trimestre por motivos políticos, le recuerdo además, que buena parte de los estudiantes a los que usted “representa” viven en residencias y que más allá de si la universidad está funcionando o no, la renta debe pagarse con gran puntualidad y que los intereses de esos miembros vulnerables de nuestra comunidad y de sus familias fueron olímpicamente olvidados por usted. Le recuerdo además que también durante su gestión, tuvimos la noticia en el Directorio Estudiantil de un presunto (porque un juez no se ha manifestado al respecto) caso de corrupción, en el que los ingresos provenientes del cobro de entradas para el festival de gaitas denominado “Guarandinga” al parecer no se usaron para el pago de proveedores del evento, deuda que ahora recae sobre nuestra Federación y que está a la espera de que un “representante” asuma su responsabilidad. Ocúpese entonces, eso sí, sin gritar.

Otro punto importantísimo de nuestra cordial discusión de pasillos fue el de la “crisis humanitaria” que en su opinión atraviesa el país, tesis que si bien ha calado en el discurso opositor, creo que no es de obligatorio consumo.

Aunque reconozco la grave situación del país, situación de la que ni yo, ni la mayoría de los miembros de nuestra comunidad son ajenos, y que además ha sido reconocida por el pleno de los actores políticos de nuestro país sin distingo partidista, recuerde el decreto de emergencia económica, mi respuesta a su preocupación fue preguntar, para tener una base, ¿En qué país del mundo no existen personas en situación de calle? Y lo digo porque aún la prepotente Norteamérica, nación que se cree en el deber de exportar su modelo económico y político a todos los confines del planeta, cuenta con un número importante de seres humanos en esta situación y en el caso de los países que han contado con su generosa contribución como Libia, Siria, Irak e incluso Colombia, estos males no han desaparecido sino que se han agravado.

Me comenta Ud. que su interés es únicamente VENEZUELA, sin embargo, cuando hablamos de Venezuela debemos por lo menos hacer una contextualización evaluar por lo menos su historia reciente para tener conocimiento de causa, a lo que usted responde que tampoco le interesa la historia porque el único gobierno que ha vivido es éste.

Bajo esta lógica reduccionista, y aún pudiendo demostrarle que durante un largo periodo este flagelo, por demás  común el resto del continente y en los gobierno de su defendida “democracia civil”, fue casi erradicado, y aún pudiendo demostrar que los casos referidos son producto de una coyuntura, Ud. siempre podrá encontrar un ser humano para exhibirlo como parte de sus preocupaciones.

Estos son síntomas inequívocos de una enfermedad en el análisis de las ciencias sociales denominada empirocriticismo, es decir, basar la crítica única y exclusivamente en lo que se tiene frente al ojo, sin ver más allá de la nariz.

Esta lógica reduccionista y empirocriticista de obviar el mundo por “considerar” únicamente a Venezuela y obviar además el estudio de su historia para evaluar un periodo de cuatro años o menos entra en contradicción con su pretendido carácter de Estadista Universitario.
En realidad compañero Ascanio, y dejando un poco de lado las formas, considero, y es mi deber expresarlo, que no actúa Ud. conforme a los principios con los que se llena la boca sino que usa de forma hipócrita a estudiantes, y apela de forma hipócrita e interesada un flagelo social, producto de una coyuntura económica para tener el valor de gritar a cuanto disidente encuentre a su paso, a todos los sosteniendo argumentos piensen distinto.

Ud. sin embargo no es sino el producto de un discurso violento y negador del otro, lamentablemente, discurso que atenta contra los principios sobres lo que se funda la Universidad, uno de ellos la  universalidad, y mientras en nuestro país la juventud de la academia busca soluciones consensuadas y busca debatir sus problemas en eventos de negociación como el EVEN, Ud. pertenece al minúsculo grupo de los que buscan seguir ampliando la brecha entre los venezolanos, los que promueven el odio como política.

Por esto, lo reto, para cuando aprenda a debatir sin la necesidad de montar un show de telenovela mexicana, a que debatamos uno por uno los problemas que tanto le interesan. Que sea la fuerza de nuestros argumentos y no la de sus gritos o sus barras (típicas de una elección de la reina de carnaval) los que se impongan.
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