Los Causes de la Historia.

Desde sus orígenes, la Revolución Bolivariana, que irrumpe en el panorama político latinoamericano como una opción progresista frente al fracaso neoliberal[1], ha tenido que enfrentar las tendencias oportunistas, reformistas, burocráticas y hasta tecnocráticas que han convivido en su interior.

Estas desviaciones se deben tanto al carácter policlasista y popular[2] que la dirigencia le da al proceso, como a la pervivencia de las viejas relaciones clientelares, corporativas y burocráticas que el Estado mantiene con los representantes del capital y de la sociedad y que, permaneciendo intactas, forman el sustrato en el que se ha desarrollado o se ha intentado desarrollar un Estado Social moderno.

Durante su mandato, el comandante Chávez fue radicalizando sus posiciones hacia el socialismo, administrando las confrontaciones entre los tecnócratas que promueven un revolución desde arriba y el poder popular que aspira una revolución desde las bases, entre quienes plantean la simple estatización de la industria bajo un modelo de capitalismo de Estado y quienes luchan por el control obrero y la propiedad social de los medios de producción en un Estado verdaderamente socialista, aprovechó cada correlación de fuerzas favorable a las masas o una gran victoria electoral para profundizar el proceso revolucionario, entendiendo que la revolución no se puede decretar sino que se va logrando al calor de la lucha de clases.

Es así como luego de la victoria electoral del 07 de octubre de 2012, el comandante Chávez convoca el primer consejo de ministros de un periodo que él mismo llamó de “transición al socialismo”, llamando a la autocrítica, a la formación constante de la dirigencia y del pueblo, a rectificar y corregir los errores. Estos aportes que han sido recogidos en el folleto “Golpe de Timón”, que se han convertido en bandera de reclamo de las bases contra las trabas burocráticas que impiden el desarrollo del Estado Comunal.

Ante el fortalecimiento de las tendencias burocráticas, producto del aumento de las desigualdades y del sostenimiento del Estado burgués, las clases oprimidas, aquellas que rescataron a Chávez en 2002, han respondido a la altura de las circunstancias, sin embargo, su respuesta no ha encontrado causes orgánicos que logren aglutinar el sentimiento popular.

Podemos constatar que las fuerzas que llevaron a Chávez al poder y que han sostenido a la Revolución Bolivariana están vivas, lo observamos cuando sin la convocatoria del partido, las organizaciones populares salieron a las calles luego de la derrota del 6D, llegando a Miraflores y exigiendo rectificaciones; lo vivimos durante el proceso constituyente, cuando miles de candidatos provenían de las bases y dieron una lucha heroica en condiciones de desventaja contra la maquinaria del partido; ahora, lo vemos de cerca con el auge de la candidatura de Eduardo Samán en el Municipio Libertador, lo que no es un caso aislado sino un síntoma del agotamiento del modelo impositivo burocrático.

Sin embargo, no podemos quedarnos en constatar la lucha que está dando el pueblo, tenemos que señalar, que estas muestras de valentía no han logrado cuajar en un movimiento que deje saldos orgánicos. La experiencia del 6D dejó al Chavismo en Rebelión y la experiencia constituyente dejó un buen número de votos en la plataforma del Chavismo Bravío, plataformas que se promueven como críticas de la burocracia dentro del movimiento chavista pero que sin embargo, al correr los meses, han perdido fuerza ya sea por un asambleísmo extremo[3] postmodernista o por mantener lazos con sectores burocráticos y reformistas que cortan su independencia.

Por otro lado, vemos como el vacío organizacional es llenado por figuras personales que logran posicionarse como alternativas, La candidatura de “Vitico” Castillo en Apure durante las elecciones regionales presentada por el PCV, el contundente apoyo que recibiera Isaías Rodríguez al plantear la sentida crítica del pueblo sobre la actividad constituyente respecto al tema económico, los señalamientos de Pérez Pírela sobre el burocratismo,  la precandidatura de “Mango”, más adelante retirada por el Movimiento Tupamaro y la del propio Eduardo Samán candidato por el PCV y el PPT a la alcandía de Libertador, son algunas muestras de como el movimiento de masas está ávida de un liderazgo renovado que se muestre honesto y que huela a pueblo.

No se trata de un cambio generacional, no es un problema de edad. Se trata de enfrentar los problemas, los vicios heredados de la IV República, de enfrentar las formas Adecas de hacer política con formas democráticas. No se trata de darle más poder al pueblo sino de darte TODO el poder al pueblo, a los explotados, a la clase trabajadora, pero esto solo se conquista con organización. A un Isaías Rodríguez, por más vicepresidente de la ANC que haya sido, se le pudo enviar a Roma, aun cuando éste había recibido del pueblo un MANDATO. A Pérez Pírela y a Mango se los puede sacar del aire cuando las críticas no gusten, pero a un pueblo organizado solo se le puede entregar el poder o enfrentarlo.

Hasta ahora, hemos visto como a la crítica honesta se la ha señalado de traidora y divisionista, incluso de “tontos útiles” por quienes ven sus parcelas e intereses personales comprometidos, hemos visto como a través de sanciones administrativas el burocratismo resguarda sus privilegios y torpedea toda alternativa revolucionaria genuina, lo hace, porque nos ve débiles, porque la burocracia se sabe cohesionada y tiene la sensación de fortaleza al amparo del Estado Burgués que usa a su antojo.

Por ello, es momento de plantear, más allá de una campaña electoral o de una coyuntura, un movimiento que pueda dar una batalla prolongada, que pueda ir recuperando espacios dentro del partido, dentro de las instituciones, que se encuentre con el pueblo no para pedirle solamente su voto sino también para forjar organización.

La ideología de la burocracia, al igual que el de la burguesía, es su propio beneficio, sus intereses de élite o de clase, por eso no le hacen falta organizaciones de masas consientes, por eso no invierte en formación. Ellos cuentan con el capital y los órganos del Estado, nosotros en cambio, necesitamos fortalecer la unidad, necesitamos permanecer juntos porque aislados somos presa fácil.

La candidatura de Samán les ha generado serios problemas a los representantes del establishment. Por un lado, la burguesía y el imperialismo[4] han demostrado no sentirse a gusto con quien representa una seria amenaza contra los intereses de sus transnacionales y mafias, la campaña de desinformación por medio de la cual señalaban como anulada la candidatura de Samán buscaba crear desánimo y generar abstenciones dentro de su base de apoyo. Para los oportunistas y reformistas, Samán significa el fin de su hegemonía ya que una posible victoria en Libertador puede nuclear a todas las corrientes clasistas y populares que hasta ahora se mantienen expectantes pero que desean el tan anhelado Golpe de Timón.

Ambos apuestan al fracaso de Samán, valiéndose de cualquier artimaña leguleya y de todos los medios administrativos a su alcance, buscan acabar con un movimiento del cual Samán es una expresión personal pero que está bien arraigado en lo profundo del pueblo. Por ello, desde Lucha de Clases, hemos decidido apoyar al Camarada Samán, pero consideramos, y por ello vamos a trabajar, que el objetivo debe ser fortalecer la organización popular, única vía para la toma del poder.

[1] Para un mayor detalle del movimiento progresista de finales de los 90’ y sus expresiones actuales recomiendo el artículo Continuidad de las propuestas progresista en Venezuela.

[2] Nos referimos al sujeto abstracto “pueblo” en la concepción amplia del término, comúnmente usada para evitar definir a la clase trabajadora y a los oprimidos como sujeto de la revolución, en cambio, se incluye a los empresarios “patriotas”.

[3] Sobre métodos de organización, presentamos el artículo Centralismo Burocrático o Centralismo Democrático, en el que se abordan además las formas organizativas típicas del liberalismo y de movimientos anarquistas.

[4] Documentos desclasificados demuestran como la embajada de norteamericana consideraba peligroso al entonces ministro Eduardo Samán para los intereses de las trasnacionales y como el departamento de Estado urdió planes para, aprovechando los lazos con la burocracia, sacarlo del cargo.

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